Me encuentro horribles los dientes, pero me gusta mi sonrisa.
Creo que mi estado físico es de los peores, pero me gusta mi sombra.
Mis pies son feos, pero me gustan las huellas que dejo.
No tengo las manos perfectas, sin embargo me gusta lo que hago con ellas.
Tengo una letra horrible, sin embargo me gusta mi escribir.
Mi oído es malo para un profesor, pero me gusta lo que escucho.
Soy demasiado sentimental, pero me gustan mis sentimientos.
Me considero demasiado inmaduro, pero me gusta mi personalidad.
Mi mente es lo más parecido a un torbellino, pero me gusta lo que aflorece de ella.
Lamentablemente mi sonrisa no aparece en una parte de mi vida, mi sombra va sola, mis huellas no son seguidas, en mi escribir abunda lo que no he logrado, lo que escucho son ilusiones, mis sentimientos no han sido correspondidos, mi personalidad se ve marcada por esto y mi mente sigue en ese torbellino.
¿Por qué esa búsqueda constante de la paridad? ¿Acaso la soledad obliga esto? Es simplemente una crítica a mi actuar
, no al actual, sino al de toda mi vida.