
Hay ocasiones en que la calle se llena de miradas: las que buscan una dirección, las que esperan que aparezca la micro pues ya se hizo tarde, las que te confirman si le achuntaste con no sacar la parka del clóset o las que simplemente se preocupan del vuelo de los pájaros. Pero existen unas miradas que poseen algo de oscuridad, de privacidad, que buscan la confusión del día para poder surgir y llegar a la persona adecuada (o la que apareció de repente, lo que ocurre más). Todas tienen algo de deseo, de poder ver lo que se desea desde lo más profundo de las sábanas y de los sueños recurrentes, aunque pueden variar en su tonalidad: simplemente una lujuria constante con ausencia de meditación alguna, o un miedo acompañado de autorechazo, de desear que no surigieran esas ganas de mirar así; las que aún buscan el amor dentro de un ambiente más que torcido y oscuro, o las que intentan recordar si lo han visto alguna vez, ya sea sólo por algún chat o en alguna disco; las que inocentemente se encuentran con otra mirada o las que directamente buscan que eso ocurra.
Muchas veces he recibido ese tipo de miradas y, por qué no decirlo, también las he hecho, aprovechando el mercado que siempre está disponible en nuestras calles, complementando así lo que los mismos medios nos otorgan para el regocijo visual o ya onírico. Y logras decir cuántas cosas con este gesto, más allá de un simple "hola": una presentación formal, una invitación a tomar algo o a conversar, o directamente se puede lograr hasta un buen momento de sexo tapado por cortinas oscuras, donde el sol no es bienvenido y la conversación posterior sobra... sólo es ocupar más tiempo.
Podría decir que hasta cada una es distinta, como asociada a su huella digital o a su ADN, pero todas buscan lo mismo, ya sea en distinto grado, y todas se adornan del mismo miedo que logro percibir. Un miedo reciente o ya asumido, o uno oculto, reprimido que igual logra salir de vez en cuando y provoca así noches de incertidumbre, cuestionamientos y lágrimas. Al final, todas coinciden en ese miedo, aunque sea inconsiente, de ser pilladas, de que en verdad existen, porque toda nacen de ese mundo que aún es ajeno al "común y corriente" y al parecer no quieren ser parte de él, quieren mantenerse en su planeta, en su código de honor, en su oscuridad.
