Mi gestación fue de cinco años, aunque creo que todavía no salgo del vientre materno. Tuve que caminar desde el primer día y por lo mismo he tenido muchos tropiezos y caídas. Me da miedo el poder caerme de nuevo, demasiado. Tuve que hablar desde el primer día y con dificultad salieron mis primeras palabras. Siento que ya puedo hablar fluido. A los controles tuve que ir yo, no había ni papá ni mamá, yo era mi propio progenitor. Aún sigo en mi cuna, pero ya la dejaré, quiera o no quiera (y se dan ambos).
Siento que todavía no corto mi cordón umbilical. Como que no lo quiero hacer. No por arrepentimiento a estar fuera. Sí por no dejar mi vientre de lado. ¿No puedo estar en ambos?
Esta vez fui yo quien decidió nacer y no me arrepiento, pero nunca pensé en las dificultades, temores y contradicciones propias de esta decisión en mi persona. Cuántos miedos han surgido de mi mente y mi corazón desde que nací, y al parecer seguirán conmigo los mismos y otros nuevos por toda mi vida. Todos se han tatuado en mi alma y ninguna cirugía las podrá borrar. Todos los días me duermo y despierto pensando en lo que hice y haré en mi nueva jornada de vida, cómo remendar los errores y cómo llegar a mis objetivos. Muchas veces me desilusiono (sí, ya me ha pasado) y quiero mandar todo a la cresta, pero de alguna manera me llega desde alguna parte un aliento, un empujoncito en forma de mi versión de hace 6 u 8 años con una sonrisa, un abrazo o un beso, o un "gracias, profe"...
Yo quise ser profe y por primera vez entiendo los que me decían que no lo fuera, pero también reafirmo el porqué quise serlo. Lo seré por toda mi vida. Por toda.
Es el primer cumpleaños que no celebro... pasó desapercibido para mí... y la verdad es que lo quiero festejar. Y aún falta el bautizo que pretendo celebrarlo con bombos y platillos. Estás invitada(o).
domingo, 9 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
