Ya no quiero recordarte ni pensarte, ya no deseo imaginarte en todo lugar al cual voy ni que un suspiro acaricia mi mano o mi boca. Ya no quiero pensar que hay unos ojos que buscan incansablemente encontrarse con los míos para volver a conquistar, volver a empezar, quizás desde cero, quizás desde lo destruido. Ya no quiero eso: serán dolor, angustia, desconfianza constante, miles de explicaciones y justificaciones, millones de malas caras y temor los que acompañarían al supuesto amor que podría resurgir; pero ya no lo quiero, quiero vivir tranquilo.
Quiero volver a la felicidad, quiero sentir un calor en mi mano, un suspiro en mi cuello, un placer en mi sexo y una locura en mi corazón.
